Gestión del Agua como Activo Social

 

Algunos autores, proponen una revisión al concepto de recurso hídrico y al concepto de gestión. La propuesta es integral, en el sentido de que aboga por una revisión de la misma noción de economía, de propiedad privada, de los recursos en general y del agua en particular desde la teoría económica. La noción de activo social no es nueva, sin embargo, la recrea en función de la gestión del agua. La noción de activo social exige superar la ficción de la existencia perfectamente delimitada de la propiedad privada, sobre la que se asienta la visión convención de la economía de sistema cerrado, para reconocer dos aspectos fundamentales:

  1. a) El primero es que el hombre no se apropia de recursos aislados sino de ecosistemas y b) el segundo es que en un contexto de ecosistemas el ejercicio total de la propiedad privada es en la actualidad virtualmente imposible.

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Por lo tanto, la idea de activo social nos acerca a la de propiedad comunal que, en ningún caso es sinónimo de libre acceso o de ausencia de propiedad. Esta propiedad comunal se puede entender en la actualidad de dos maneras: a) una como el resultado de un proceso de descentralización que incentive la creación de pequeñas comunidades que sean autosuficientes y b) otra a nivel global que podría ser vista como el resultado de un proceso gradual de limitaciones en los derechos privados o, si se prefiere, de reconocimiento de que el ejercicio sin trabas de la propiedad privada, está sujeto en un contexto de ecosistemas a tan graves e inevitables interdependencias, que hacen realmente inviable la propiedad privada.

 Las implicancias que se derivan de la noción de activo social apuntan hacia una reconstrucción conceptual de la propia economía. Las preguntas relativas a la gestión, desde ese marco, pasarían por ¿quiénes son los dueños de los recursos?, ¿cómo se distribuyen los beneficios de ese activo social?, ¿cómo se garantiza su acceso?, ¿quiénes son los responsables de conservarlo?, ¿qué papel juega el estado? ¿Cómo se miden los costos sociales?; ¿cómo deben ser consideradas las generaciones futuras en las gestiones actuales? Las instituciones definen el conjunto de elecciones de las actividades económicas y, en el caso del agua, deberían indicar quién puede extraer y quién no, qué tipos de extracción se pueden hacer y cuáles no, cuánta agua se puede extraer sin poner en peligro el rendimiento de seguridad del acuífero, cómo usarla y en qué condiciones hay que devolver el agua usada para no contaminar el caudal no usado, etc.  En suma las instituciones regulan la gestión del agua.

Así pues, para proporcionar criterios de gestión, hay que empezar por especificar con claridad los presupuestos anteriores, en suma, si se consideran o no al agua como un factor de producción o un activo social, con todas las implicaciones sociales, distributivas, ambientales, etc., es decir, con el estilo de desarrollo que conlleva una u otra consideración. Esta revisión de conceptos deja como saldo una estrategia de gestión de agua cuyos objetivos no sólo impactan en sí, sino que configuran el estilo de vida o de desarrollo de la sociedad. Los pasos que deberían darse de cara a una gestión del agua como activo social, comprenden en una primera etapa, las siguientes acciones:

  1. a) estudiar su ciclo durante un período de tiempo que sea representativo, siempre que las condiciones climáticas no varíen durante ese período, esto permitirá después estimar en términos físicos el volumen disponible así como la calidad del mismo.
  2. b) una vez obtenida esta información, sería necesario especificar los criterioso normas para su uso sostenible o renovable, tanto en términos de compatibilidad de las funciones ambientales, y en cuanto a términos de su apropiación y distribución.

 

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Implicaciones del Trasvase del Lago de Valencia hacia el Mar Caribe.

 

Implicaciones Ambientales y Sanitarias del Trasvase del Lago de Valencia hacia el Mar Caribe

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 En la actualidad quizás uno de los problemas ambientales más grave e importante de América  Latina, es el aumento de los niveles del Lago. Este conflicto se ha convertido en uno de los inconvenientes  más grave en Venezuela, cuyo costo social más significativo ha sido el desalojo de numerosas familias que habitaron, por más de veinte años, viviendas construidas en terrenos no aptos para usos urbanísticos.

     Durante 1975 y 1980  fueron construidas muchas urbanizaciones  en terrazas cuyas cotas oscilaban entre los 410 y 415 msnm. Para esa época el nivel del lago era de 401 msnm; el cual fue en aumento progresivo, pasando por las cotas 408 en 1999, 410 en 2005 hasta alcanzar 412 en 2011,obligando a muchas familias desalojar sus viviendas a consecuencuencia de la inundación producto del incremento del nivel del lago.

El origen de este problema estuvo en la expansión urbano-industrial hacia las zonas no aptas para tales fines, contradiciendo los principios básicos del ordenamiento territorial, en particular en áreas como cuencas cerradas. Por otra parte el  incremento en el uso urbano-industrial de las tierras planas de la cuenca está estrechamente ligado a lo antes señalado toda vez que el estado Venezolano desde 1980 hasta la fecha ha estimulado la ocupación desordenada del territorio de la cuenca, principalmente en sus áreas planas, incidiendo en el aumento descontrolado de sus efluentes urbanos e industriales que unido al aporte de sus 22 ríos que tributan sus caudales de agua al lago, más el aporte de agua derivado desde la cuenca del Pao-Cachinche, localizada en el vecino estado Cojedes, cuya importación para el año 1983 era de 7 metros cúbicos/segundo y para el año 2011 está por encima de los 16, es decir en tan solo tres décadas los planificadores del desarrollo urbano-industrial de este ecosistema estimularon más del100% el abastecimiento de agua para tales fines, sin considerar las consecuencias negativas que tal decisión traería para la gente que hoy vive un drama humano impresionante.

 Cabe destacar que los procesos de expansión urbana e industrial que ha experimentado la Región Central de Venezuela han generado indudables beneficios al país pero han ocasionado con frecuencia un grave impacto sobre la ecología de esa Región. Tal es el caso, por ejemplo, de la progresiva disminución y degradación de los recursos hidráulicos de la cuenca y del propio Lago de Valencia. Allí se ha configurado una compleja problemática ambiental caracterizada por múltiples factores que interactúan entre sí, a veces con carácter conflictivo, y cuya armónica y rápida solución, como lo exige la urgencia de esa crítica situación, ha sido difícil de precisar, y seguramente requerirá de considerables inversiones y de un cuidadoso control de los volúmenes y de la calidad del agua que se manejará en la cuenca.

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Bajo este marco de referencia el estado Venezolano, ha decidido trasvasar las aguas del Lago de Valencia o los Tacariguas para controlar su crecimiento y detener las afectaciones sobre urbanismos y predios agrícolas, en ese sentido desde 1995 se han presentado un conjunto de alternativas, entre ellas destacan el Trasvase al Mar Caribe, la cual tiene sus inconvenientes ,sin embargo resulto como seleccionada y que tiene implicaciones de carácter negativo al ambiente y de cero utilidad en procesos productivos. En ese sentido a continuación se describe en que consiste la alternativa en cuestión:

La alternativa Ocumare para controlar los niveles del Lago de Valencia consiste en la extracción, conducción y disposición en el Mar Caribe del agua propia del Lago. La obra fundamental que la caracteriza es la construcción de un túnel de considerable longitud, que cruza con dirección Norte la Cordillera de La Costa.

Conducción por Gravedad

Estaría constituida por las siguientes obras:

  • Estructura de captación en el Lago ubicada al Sur de Mariara, que consiste en la excavación de un canal de unos 800 m de longitud y la construcción de una estructura de control de niveles en el extremo del mismo seguida por una transición hasta el inicio del túnel a cota aproximada 406 msnm.
  • Túnel de unos 2,14 km de longitud y 3,5 m de diámetro en condiciones especiales de excavación y soporte, en la planicie aluvial al Norte del Lago desde la estructura de control hasta el pie de la Cordillera de La Costa.
  • Túnel convencional a través de la Cordillera de La Costa hasta su descarga en la cuenca del río Ocumare. Para este túnel se consideraron tres opciones de trazado dependiendo de su cota de descarga desde 9,0 km hasta 12,6 km de longitud.
  • Tubería de acero a presión de 1,10 m de diámetro desde la salida del túnel hasta una descarga submarina a 1 km de la costa en las cercanías de la población de Ocumare.

Tanto en esta variante como en aquéllas que contemplan bombeo, se descartaron las descargas de agua en los cauces naturales del río Ocumare o sus afluentes a la salida del túnel, ya que razones de tipo ambiental y legal las impiden. Por lo tanto, las conducciones deberán realizarse hasta el mar.

Conducción por Bombeo

En estos casos las obras que constituyen las alternativas son fundamentalmente las mismas que las de la opción a gravedad con las siguientes excepciones:

  • En la estructura de captación se elimina el vertedero de control y se sustituye por una estación de bombeo sobre una plataforma en el extremo Norte del canal excavado desde la orilla del Lago.
  • Se sustituye el túnel especial en la planicie aluvional al Norte del Lago por una tubería de acero desde la toma hasta el portal de entrada del túnel convencional en la falda Sur de la Cordillera de La Costa.
  • Para este caso de bombeo se consideraron cuatro posibles cotas del portal de ingreso al túnel (440, 500, 600 y 700 msnm) las cuales reducen las longitudes del túnel de trasvase a medida que se localiza el portal a mayor altura, pero se incrementan los requerimientos de bombeo y las longitudes de la tubería desde la toma.

Consideraciones Ambientales e Institucionales de la Alternativa Ocumare

Esta alternativa, desde el punto de vista ambiental, presenta las siguientes características:

  • Para el propio Lago de Valencia, la extracción de un caudal de 6 m³/s significará a largo plazo un beneficio por la reducción a la mitad de los niveles de sulfatos, magnesio y sólidos disueltos (año 2025). Asimismo, se reduciría el proceso de eutroficación que sufre el Lago de Valencia. Sin embargo, las cargas poluentes de nitrógeno y fósforo seguirían siendo excesivas (146% y 250% respectivamente de las cargas admisibles).
  • Para el río Ocumare o sus afluentes es inadmisible ambientalmente recibir un caudal de 6 m³/s de agua del Lago de Valencia ya que por su reducido gasto medio (máximo 1 m³/s) se salinizaría, exterminando la fauna acuática que actualmente posee y afectando la flora y fauna terrestre del área.

Adicionalmente, se producirían modificaciones geomorfológicas de consideración en los cauces receptores que contravienen la normativa ambiental vigente.

  • En la costa, la descarga del agua del Lago tendría que realizarse dentro del mar, a una distancia mínima de unos 1.000 m de la orilla, ya que, de otra forma, causaría una contaminación inmediata de las playas de la zona por los niveles excesivos de nutrientes y contaminación orgánica que poseen las aguas del Lago.

Adicionalmente a los aspectos ambientales señalados, existen restricciones legales de importancia para la construcción de las obras requeridas. Desde el extremo Norte de la planicie aluvial del Lago de Valencia hasta la costa del Mar Caribe se cruzaría el Parque Nacional Henry Pittier, el cual además de las severas limitaciones de uso que le impone su condición de parque nacional, posee un reglamento de uso especial aprobado y publicado en la Gaceta Oficial (Nº 35-845, 24-11-95) que específicamente prohíbe la construcción de infraestructuras (vías, tuberías, etc) dentro del parque.

Esta circunstancia constituye una limitación severa y en la práctica casi insoslayable para la construcción de la Alternativa Ocumare. La colocación de la tubería desde el portal de salida hasta el mar, las vías de acceso al portal de salida del túnel y para la colocación y mantenimiento de la tubería, la disposición del material excavado del túnel, entre otras, constituyen violaciones específicas del reglamento de uso del parque, lo cual acarrearía con toda seguridad una severa resistencia de las autoridades regionales y locales a la construcción de las obras, tanto más cuanto que existen otras posibilidades de menor impacto ambiental para controlar los niveles del Lago de Valencia.

Semiotica del agua

Una de las funciones de la cultura consiste en proporcionar una pantalla muy selectiva que separa al hombre del mundo exterior. En sus muchas formas, pues, la cultura decide a qué prestamos atención y qué ignoramos. Teniendo en cuenta que la percepción actúa como primer filtro entre el sujeto y el medio es necesario hacer un recorrido por algunas de las distintas significaciones que tuvo y tiene el agua para las comunidades y sus actores. ¿Qué significa el agua para el mundo aborigen? ¿Qué significa para el representante de una empresa privada de servicios de agua potable? ¿Y para los sanitaristas? ¿Y para el gestor? El agua es objeto de reflexión de diferentes disciplinas que van desde la antropología social e histórica hasta la arqueología, pasando por la geología, la economía y la historia del arte. Temas como los derivados de los sistemas tradicionales de riego, el lugar del agua en las cosmovisiones, la mitología, la cuantificación del agua como fuerza económica, su incidencia en la conformación del paisaje agrario, los conflictos a propósito de su empleo, la hidráulica, el empleo de las fuentes de agua como proyecto higiénico, las catástrofes ocasionadas por la crecida de los ríos, las sequías y un largo etcétera, son temas de agua.

La reflexión sobre las distintas percepciones serviría para poner en evidencia, por un lado, la posible pobreza semántica con que los gestores piensan el tema de agua, y por otro, la necesidad de abrir un campo de percepción hacia otros posibles conjuntos de rasgos(significaciones) presentes en la visión de otros actores involucrados en los procesos de gestión. Se intenta avanzar en la construcción de un concepto de agua como un bien multifacético, fuente de vida y de apropiación colectiva . Pero más importante todavía es poder juntar, las percepciones y concepciones comunitarias a una cultura hídrica determinada y a un modelo de desarrollo. Cada comunidad tiene una relación particular con el agua que se traduce en una cultura hídrica. En la construcción de la misma inciden directamente las percepciones que se tienen no sólo sobre el agua sino sobre el modelo económico y el modelo de organización social de los que los sujetos se hacen eco. ¿Qué es la semiótica y por qué es interesante anclar en una teoría de los signos?

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Aunque es muy categórico como para aceptarlo sin protestar, lo que conocemos del mundo depende siempre del punto de vista en que nos situamos para mirar. La afirmación de que distintos sujetos ven cosas distintas en un mismo objeto ha provocado la escritura de libros enteros. La semiótica es una ciencia social. Su objeto de reflexión es el hombre, en tanto productor/manipulador de signos. Tiene la pretensión de hacer hipótesis y extraer conclusiones sobre el ser humano, su accionar, su modo de vincularse con los otros y con su entorno.

Es un conocimiento de un conocimiento. Esto quiere decir que la semiótica es una disciplina que intenta conocer cómo conocemos y usamos un saber, el lenguaje; y, cómo producimos, hacemos circular e interpretamos los significados en tanto seres sociales. Para la semiótica el concepto de percepción es fundamental. Es el origen de la diferenciación de significados, es un órgano que ordena la información que llegar a nuestros sentidos, un sistema de clasificación. El lenguaje actúa como traductor o codificador de las diferenciaciones.

Es el medio por donde fluyen los atributos que se le otorga a los objetos, organizados en signos. En el lenguaje cotidiano, los signos están en lugar de algo, la realidad. Y para que haya entendimiento (comunicación) es preciso el manejo de un código común. En este sentido, el lenguaje no sólo es mediador entre el sujeto y la realidad sino entre sujeto y sujeto. Lo que hay entre sujeto y sujeto, es siempre lenguaje. ¿Qué diferencias están implicadas en la simple actividad de seleccionar unas palabras en lugar de otras? La selección de una palabra es mucho más que una opción lingüística, es la manifestación de una opción política, de una concepción de economía, de una cosmovisión. La palabra es síntoma de configuraciones mentales de un orden que exceden lo puramente verbal.

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La gestión del agua está atravesada por diferentes percepciones y lenguajes. Esto es evidente en los diferentes discursos que circulan. Para algunos, es un objeto sagrado. Este significado es parte de una concepción mítica que entiende la naturaleza como un espacio que el hombre comparte con todos los demás seres vivos. El ser humano está de paso y  en el medio natural, no como su dueño. El agua es un bien sagrado de la Madre Naturaleza y está protegida o gobernada por los dioses.

Para otros, el agua es un recurso destinado a satisfacer, especialmente, las demandas vitales del ser humano. Esta concepción destaca la posesión y el manejo del agua y la considera como un elemento del medio a domesticar. Para otros, el agua es un bien o un servicio que hay que administrar con eficiencia y cuyo acceso y uso tienen un valor económico. Esta concepción es propia de la economía de mercado que considera al agua como un recurso finito y lo clasifica como un bien escaso. Para muchos, el agua, en tanto es indispensable para la vida, es un derecho vital. Para esta visión, el acceso se convierte en una garantía de vida y el no acceso en una certificación de muerte. También existen otras evaluaciones como ser las ventajas geopolíticas de la posesión de agua para la satisfacción dela salud, la producción agrícola e industrial y el abastecimiento doméstico. Esta multiplicidad de significados nos obliga a reflexionar sobre la naturaleza de los mismos. Esto sugiere la tarea de descubrir el origen de las diferencias, de establecer algunas pautas para comprender cuál o cuáles procesos han sido necesarios para pasar de un concepto a otro, qué visiones son las vigentes y cuáles están procurando serlo y por qué.

 Las reglas que determinan lo que uno percibe y aquello para lo que es ciego en el curso de la vida no son simples; hay que tener en cuenta, por lo menos, cinco conjuntos de distintas categorías de acontecimientos. Estos son: el asunto o actividad, la situación, el status de uno en el sistema social, la experiencia anterior y la cultura.

Esta afirmación implica reconocer que es imposible aprehender toda la realidad y que es un hecho común y obligado manejarnos con versiones de ella. Si cada actor social percibe realidades diferentes y el ser humano tiende a convencerse de que sólo lo que él percibe es lo que en realidad existe, tendremos una idea más clara de por qué es tan importante sumar distintas versiones y puntos de vista y también podremos comprender por qué es tan difícil hacerlo.

Este rudimentario punteo de conceptos sirve para resaltar la importancia que se dará a la cuestión de las mediaciones.  Como puede verse, el problema de las significaciones sociales es central para situarnos en el campo de la gestión del agua. No hay conducta que no tenga su origen en una representación social y cultural determinadas. Si se lleva el análisis hasta los orígenes, se podrá constatar que todos los conflictos se generan por la existencia de percepciones diferentes que se enfrentan. Identificar las percepciones que subyacen en los discursos del agua permite inferir los valores que sustenta quien los pone en circulación y qué modelo de desarrollo y estilo de intervención promueve con su conceptualización.

El desafío de unir una perspectiva semiótica a la gestión del agua tiene como objetivo recrear la coherencia entre el saber, el decir y el hacer. El primer paso es preguntarse por lo obvio, por lo establecido como cierto y válido, por lo que circula con naturalidad en el mundo del agua. Sacar a la superficie los valores que sustentan y sustentamos en la forma de nombrar el mundo, seguramente nos haga conscientes de la necesidad de luchar por el compromiso con la vida, la solidaridad, el respeto, la paz social y la sustentabilidad.

 

La Lluvia y la plaga

Por: Freddy Carquez, Maracay.

 

De nuevo en la mayoría de los venezolanos reina la alegría por la llegada de las lluvias, ellas son un verdadero regalo de la naturaleza, al constituir el agua un elemento indispensable para la vida, su presencia facilita el desenvolvimiento de las múltiples actividades de todos los seres vivos, pluralidad existencial soporte del proceso evolutivo de las especies y recurso extraordinario para el progreso humano.

Sin embargo ese maravilloso liquido proveniente de nuestra atmosfera, fuente de vida  y prosperidad,  que debería fluir con toda naturalidad a través de los cauces de los ríos y de las  quebradas de presentes en los Estado Aragua y Carabobo,  para  desembocar sin obstáculos en las aguas del Lago de Valencia, pero ese desenlace construido por la tierra y  esperado por los seres humanos  no se cumple de forma espontanea, limitaciones importantes derivadas de la ignorancia de los ciudadanos y del descuido preventivo del Estado que no asume sus obligaciones sanitarias..

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Pronto tendremos en las riberas del Lago y en las cuencas fluviales de la región central, inmensas acumulaciones de agua, convertidas en lagunas y lodazales  envenenados  por la descomposición orgánica,  generada por el estancamiento y la presencia de los desechos orgánicos provenientes de la basura cuya presencia contaminante entre nosotros se ha convertido en un problema, extraordinarias  fuentes  de transmisores y de gérmenes repotenciados, dedicados a la propagación de la multitud de enfermedades infecciosas y parasitarias que nos acompañan.

Patas blancas

Resulta paradójico y lamentable,  como una contribución de la naturaleza, indispensable para la existencia de los seres vivos,  se nos convierte en un factor negativo para el desempeño humano en  el proceso civilizatorio, creando riesgos que comprometen en forma cotidiana la Salud Publica.

 

La Nueva Cultura del Agua

La nueva cultura del agua: NCA

Por: Jesús Castillo.Maracay

Se llama cultura del agua al conjunto de modos y medios utilizados para la satisfacción de necesidades fundamentales relacionadas con el agua y con todo lo que dependa de ella. Incluye lo que se hace con el agua, en el agua y por el agua para ayudar a resolver la satisfacción de algunas de estas necesidades fundamentales. Se manifiesta en la lengua, en las creencias (cosmovisión, conocimientos), en los valores; en las normas y formas organizativas; en las prácticas tecnológicas y en la elaboración de objetos materiales; en las creaciones simbólicas (artísticas y no artísticas); en las relaciones de los hombres entre sí y de éstos con la naturaleza y en la forma de resolver los conflictos generados por el agua. La cultura del agua es por lo tanto, un aspecto específico de la cultura de un colectivo que comparte, entre otras cosas, una serie de creencias, de valores y de prácticas respecto de ella.

Es importante destacar que la cultura de agua está ligada a un colectivo (grupo étnico o cultura). Con los instrumentos conceptuales existentes es posible identificar el tipo de aporte del grupo y registrar su procedencia. Sabemos que no existe la “pureza cultural”, que la cultura está construida también sobre los sincretismos y migraciones de las personas, sus intercambios y adaptaciones. Sin embargo, cada vez más, se están valorando los conocimientos agrícolas, los conocimientos científicos, los conocimientos técnicos, los conocimientos ecológicos, los conocimientos medicinales como productos de singulares sistemas de conocimiento que pertenecen a grupos específicos. En el caso de cultura del agua se propone que en el caso de avanzar en la recopilación de conocimientos y prácticas se haga una mención al grupo que los ha producido.

Relacionar la cultura del agua con el desarrollo, pone en evidencia que la crisis del agua (como crisis ambiental) deviene de una crisis más profunda que es la crisis de los conceptos con que pensamos para actuar sobre la crisis. Muchos de los problemas de agua que nos tocan enfrentar, no provienen de la falta de agua, sino de las relaciones de poder que hacen que a la distribución aleatoria de la misma, tanto espacial como temporalmente, se le sumen las inequidades que provienen de la matriz socio política. Por lo que el campo de soluciones se encuentra más allá del reducido campo que proveen las soluciones tecnológicas.

Para avanzar en la comprensión de la propuesta es necesario establecer una clara distinción entre lo que se entiende por desarrollo hídrico’ y ‘cultura del agua. Es muy frecuente la utilización de la denominación de ‘desarrollo hídrico’ de una determinada región, cuenca, localidad para referirse principalmente a la realización de una serie de obras físicas para el uso, aprovechamiento y protección del recurso hídrico. ¿Cómo se diferencia esto de la cultura del agua?

El proceso por el cual se equilibran las ofertas y las demandas hídricas, y se superan los conflictos derivados del uso y la conservación del agua, se denomina, comúnmente desarrollo hídrico. Ambas denominaciones, desarrollo hídrico y cultura del agua se refieren al mismo tema: equilibrar ofertas y demandas hídricas, por una parte y resolver sus conflictos, por la otra. La diferencia está en que el desarrollo hídrico avanza en niveles concretos de satisfacción de necesidades. La cultura del agua avanza en niveles concretos de comprensión de la realidad y de elaboración conceptual, que permiten el refuerzo de actitudes individuales y colectivas, para enfrentar los desafíos de la realidad.

De este modo, puede haber cultura del agua sin desarrollo hídrico, pero de ninguna manera se ha de producir desarrollo hídrico sin la construcción de una cultura del agua.

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Bajo este marco de referencia, La Nueva Cultura del Agua (NCA) nace con base a la problemática actual y lo que se está realizando para contrarrestar la escasez del vital líquido; se analiza en el pronunciamiento español con la creación de la coordinadora de afectados por grandes embalses y trasvases (COAGRET), que ha marcado pauta y ha servido de inspiración para América Latina.

Uno de los mayores problemas que enfrenta la humanidad, y que está creciendo sin ninguna medida, es al consumo de agua de manera irracional, sumado a la seria degradación en la calidad de la misma, debido a la contaminación de éstas por diferentes causas todas productos de la acción del hombre.

Sabemos que los necesitamos para beber el agua, para el abastecimiento. Sabemos que los necesitamos para regar, para producir energía. Y también los utilizamos como lugar en el que verter nuestros desechos, el agua sucia y contaminada que hemos utilizado.

Esto trae como consecuencia, una escasez muy alta de agua apta para el consumo humano, para confrontar este problema se tiene que reflexionar en primera instancia en la conservación del ambiente, pasando por el calentamiento global y todo lo que esto acarrea para que el ciclo del agua se complete de manera limpia y en el tiempo justo; luego, se debe tomar en cuenta una distribución racional del agua para el sector doméstico, industrial y agrícola, pero lo más importante para asumir este gran problema y darle solución es verlo desde un enfoque holístico que integre los valores y la formación de una Nueva Cultura del Agua (NCA), cambiar radicalmente el estilo de vida, cultura, la manera como se piensa ya que la crisis ambiental es una crisis de aplicación del conocimiento y, por último, tiene que concientizarse que el ser humano es dependiente en su totalidad de la naturaleza, y que debe aprender a vivir y a comprender a la naturaleza.

El otro factor que influye notablemente es la política hídrica a nivel mundial que exige urgentemente un cambio en su enfoque, ya que en la actualidad de lo que se encarga es de desarrollar de manera no planificada la construcción de represas, embalses y trasvases sin importar el daño ambiental a muchos reservorios de Agua y a su vez cambiando el caudal de ríos alterando el ciclo hidrológico proliferando sequía en lugares húmedos, este nuevo enfoque tiene que estar acompañado por la aplicación de estrategias y de nuevas tecnologías enmarcadas en la sostenibilidad.

Todos estos factores se deben tomar en cuenta para una excelente gestión de aguas apuntalada hacia una buena calidad de vida, en el marco de la sostenibilidad. En este sentido, en el año 1977 se realizó en Argentina la conferencia de Mar del Plata, la cual representó el inicio de una serie de acciones a nivel mundial acerca del problema del agua, acciones enfocadas en cambiar la percepción que la sociedad tiene del vital líquido y así enfrentar la escasez de agua potable que se acrecienta velozmente y pone en peligro la vida en el planeta.

Por otra parte, en los años noventa en la península Ibérica nace un movimiento social que se opone al Plan Hidrológico Nacional (PHN), estrategia del gobierno español, el cual consistía en la construcción de aproximadamente 200 presas y trasvases para resolver el problema de la escasez del recurso hídrico, poniendo en peligro de inundación comunidades y sectores rurales así como también el ecosistema presente, política irracional que pretende solventar un problema de escasez sin tomar en cuenta el desastre ecológico o el impacto ambiental al cual estaría sometida la zona, siguiendo a la cultura vieja del agua.

La vieja cultura del agua parte de que la escasez es, siempre, física por lo que siempre es necesario construir más embalses y trasvases (o plantas desalinizadoras de agua de mar), siendo la toma de decisiones habitualmente autoritaria, aunque los decisores hayan sido elegidos en elecciones digamos democráticas.

Los afectados (aproximadamente 80 millones en el mundo) por esta política hídrica se organizaron y formaron a la Coordinadora de Afectados por Grandes Embalses y Trasvases (COAGRET) con el lema “por una Nueva Cultura del Agua”,

La Nueva Cultura del Agua asume que la escasez está socialmente construida, lo que significa que no hay gestión del agua sin gestión del territorio y que la toma de decisiones tiene que ser realmente democrática, basada en el debate público y en contar con la gente que, habitualmente, tiene mucho que decir. De nuevo, para la vieja cultura un río es un tubo y para la nueva un río es un organismo vivo integrado en su cuenca y que tiene que llegar al mar.

Para la nueva cultura del agua es prioritario el cambio de pensamiento en los individuos sobre el consumo racional del agua, su contaminación y su distribución equitativa y justa; así, la nueva cultura del agua que nació en la Península Ibérica fue inspiración para otras partes del planeta.

En los postulados de la Nueva Cultura del Agua, se evidencia como ésta cumple con los preceptos de sostenibilidad, todos sus principios se crearon por iniciativa del movimiento social que surgió en la península Ibérica.

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En febrero del año 2005 la Unión Europea (UE) se pronuncia con la Declaración Europea por una nueva cultura del Agua, la cual fue avalada por cien expertos en Aguas de toda la UE, en ella se plantea la no sostenibilidad del recurso hídrico por la contaminación a nivel mundial, exponiendo que más de 1000 millones de personas no tienen garantizado el suministro de agua potable y que aproximadamente 10.000 mueren a diario por falta del vital líquido, mientras se quebranta la conservación de las cuencas hídricas de manera irrecuperable.

La Declaración Europea introduce un enfoque holístico dirigido a la gestión de aguas para la recuperación de los sistemas hídricos proporcionando valiosas herramientas para la conservación y reparto justo del Agua, igualmente cuestiona a la vieja cultura del Agua, donde los acuíferos son considerados como almacenes de Agua y los ríos como simples canales. Con esta declaración la UE contribuye de una manera significativa para alcanzar los objetivos propuestos para el milenio por las naciones unidas, donde uno de los objetivos es el de reducir a la mitad a la población del mundo que no tiene acceso al agua potable.

En América Latina en el año 2005 en Brasil se realizó un encuentro por una Nueva Cultura del Agua, inspirado por la iniciativa de la Península Ibérica, el evento plantea un debate enfocado en los problemas que surgen a partir de la gestión del agua, igualmente se plantearon temas como las enfermedades provenientes de la contaminación del Agua como por ejemplo el dengue y el cólera, también se planteó la introducción de cambios radicales en los estilos de vida y de la cultura en cuanto al Agua, a fin de contribuir en la formación de la nueva cultura del Agua en América Latina basada en la equidad, sostenibilidad, solidaridad, social y económico.

La gobernanza del agua

Un hecho básico, que todavía no ha recibido suficiente atención, es que la insuficiencia de agua (en especial para el abastecimiento de agua potable y el saneamiento) se debe primordialmente al ineficiente suministro de servicios más que a la escasez de agua. La falta de servicios básicos se debe a menudo a la mala gestión, la corrupción, la falta de instituciones apropiadas, la inercia burocrática y a una falta de nuevas inversiones tanto para el fortalecimiento de los recursos humanos como en infraestructuras físicas. El abastecimiento de agua y el saneamiento han recibido recientemente más atención internacional que el agua que se usa para la producción de alimentos, a pesar del hecho de que, en la mayoría de los países en vías de desarrollo, la agricultura representa el 80% del uso total del agua. Cada vez hay un mayor consenso en los círculos del desarrollo en que la escasez de agua y el aumento de la contaminación son, en gran medida, problemas inducidos social y políticamente, lo que significa que hay cuestiones que pueden tratarse por medio de cambios en la demanda y el uso del agua y a través de una mayor sensibilización, educación y reformas en la política del agua. La crisis del agua, por tanto, tiene cada vez más que ver con la manera en que nosotros, como individuos y como parte de una sociedad, administramos el acceso y el control de los recursos hídricos y sus beneficios.

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 Bajo este marco de referencia, la  Gobernanza puede ser definida como la capacidad del gobierno de prestar servicios además de formar, establecer y hacer cumplir normas. La gobernanza del agua se refiere a la gama de sistemas políticos, sociales, administrativos y económicos establecidos para la gestión de agua y prestación de servicios. Dependiendo de la forma en que los países manejan sus recursos hídricos, se determinan las condiciones de salud de sus habitantes, el éxito de sus economías, la sostenibilidad de sus recursos naturales y sus relaciones con países vecinos. Una adecuada gestión del agua trae consigo beneficios tangibles a un país. Por tanto, la buena gobernanza es el principio fundamental para desarrollar y gestionar los recursos hídricos y la prestación de servicios de agua a diferentes niveles de la sociedad.

En su primer Informe sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el mundo (2003), las Naciones Unidas declaró firmemente que la “crisis del agua es esencialmente una crisis de gobernabilidad y las sociedades se enfrentan a una serie de desafíos sociales, económicos y políticos sobre cómo gobernar el agua de manera más eficiente”. La falta de una gerencia efectiva entre estos sectores interdependientes puede dificultar la concepción y aplicación de reformas en políticas del agua. Si bien es evidente que se deben tomar acciones drásticas, en la práctica los problemas del agua son bastante complejos y nada fáciles de resolver.

Si bien el gobierno tiene responsabilidades generales, los actores no estatales, ya sean actores del sector privado u organizaciones no gubernamentales, han sido más sobresalientes en la gestión del agua, la asignación de recursos y la organización de la prestación de servicios. El proceso de integración de la gestión de los recursos hídricos está madurando; actualmente las sociedades son más conscientes de los problemas de escasez de agua y la forma en que son interdependientes. El suministro de agua y la gestión de los sistemas hídricos son asuntos de naturaleza compleja, estos involucran numerosos actores a diferentes niveles y son los contextos políticos e institucionales de un país los que les dan forma.

En muchos países, las reformas para la gestión eficaz del agua se ven obstaculizadas por la asignación poco clara de funciones y responsabilidades, la fragmentación territorial y la limitada capacidad a nivel local. La gestión de los recursos hídricos implica la comprensión de sistemas complejos con componentes humanos y naturales. Para manejar estos sistemas con éxito, debe asegurarse un eficiente trabajo en equipo entre instituciones con intereses y experiencia divergentes.

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Las políticas del agua deben adaptarse a las características, preocupaciones e intereses locales. Ya sea en países desarrollados o en vías de desarrollo, sin importar si el agua es escasa o abundante, se deben cuidadosamente identificar los desafíos con el fin de generar respuestas y soluciones apropiadas. Para hacer frente a estos desafíos, los países han de hacer un balance de las lecciones aprendidas, identificar las buenas prácticas y desarrollar herramientas para crear políticas que sean eficaces, justas y sostenibles. Estas soluciones deben ser desarrolladas e implementadas por todas las partes y a todos los niveles de gobierno.

La Reserva de Imataca

UN BOSQUE INSUSTITUIBLE EN PELIGRO DE DESAPARECER

Por: Jesús Castillo. Maracay

El bosque nativo de la Reserva Forestal de Imataca, es insustituible debido a su diversidad biológica, su relevancia en la protección de suelos y aguas, su capacidad como regulador de gases y del clima, y sus imponentes bellezas escénicas, entre otros servicios ambientales. Esta Reserva es una de las “fronteras forestales más importantes del trópico a escala global y de Suramérica en particular” . Estos bosques por su alta fragilidad ecológica, su bajísima capacidad de regeneración una vez intervenido, y la posible intensificación del uso minero y forestal al que proyecta el Gobierno venezolano someterlos con el Proyecto de Decreto de Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso de esta Reserva, los sitúan en la categoría de “bosques en peligro de desaparecer”. Talarlos, es prácticamente perderlos para siempre.

 Cortar el bosque natural para convertirlo en unos cuantos tablones de madera, aserrín y unas barras de oro, sacrificando el resto de las especies asociadas que conviven con él, es un crimen ecológico. Imataca, ser vivo, lleno de energía, es también reserva cultural y sagrada, hábitat de pueblos indígenas, y patrimonio natural de todos los venezolanos.

Quienes designaron a Imataca, como Área Bajo Régimen de Administración Especial, tuvieron una visión vanguardista, y hoy casi medio siglo más tarde, cuando la conciencia ambiental mundial ha aumentado debido a la dramática pérdida de miles de especies y ecosistemas en el mundo, y a la movilización masiva de Pueblos que exigen respeto a la naturaleza y la firma de Tratados Internacionales para impedir el cambio climático, la desertificación, la pérdida de la diversidad biológica, la desaparición bosques y fuentes de agua, tenemos en Venezuela el compromiso de profundizar la protección de los bosques de la Guayana venezolana y entre ellos los de Imataca, y arrancárselos de las garras de la industria forestal y de la minera.

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La protección de las fuentes de agua es la columna vertebral para el futuro de la vida en el planeta. Toda nuestra vida está relacionada con el agua. Nos gustaría creer que hay un infinito suministro de agua en el planeta, pero esto es trágicamente falso . Es por lo que, la escasez de agua tiene preocupada a la Humanidad. Para el año 2025, más de dos tercios de la población mundial sufrirá problemas de agua y un tercio vivirá en condiciones de absoluta escasez de agua, esto se traduce en enfermedades, pérdida de la seguridad alimentaria, aumento de la pobreza, miseria entre otros. La relación agua-bosque es indivisible, el camino del agua a través del bosque permite proteger el agua y que esta fluya hacia los ríos. La deforestación (por la actividad forestal, la quema, la minera, etc.) interrumpe la protección y flujo continuo del agua.

En el informe final para el Ordenamiento de la Reserva Forestal Imataca, realizado por el Instituto de Zoología Tropical de la Universidad Central de Venezuela y el Ministerio del Ambiente de los Recursos Naturales, de fecha Diciembre, 2002 y en el que supuestamente se basaría el Borrador del Nuevo Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso para sustituir el tan cuestionado Decreto forestal-minero Nº 1.850 de 1997, se encuentran afirmaciones tales como: los bosques tropicales remanentes están desapareciendo rápidamente; la tasa de extracción del recurso no debe exceder la tasa de renovación o sustitución del mismo; la renovación natural del recurso bosque es muy lenta y poco conocida y a su vez depende del ecosistema bosque del cual las especies de árboles de importancia comercial son apenas uno de sus componentes; el aprovechamiento forestal y minero produce impactos sobre los suelos, la hidrografía, el micro clima , la vegetación , la fauna, las comunidades humanas y la diversidad biológica en general; las plantas medicinales están entre los recursos más valiosos del bosque.

Estas afirmaciones nos llevaron a pensar, ingenuamente, que el nuevo Decreto de Ordenamiento y Reglamento de Uso de IMATACA, elaborado por el Ministerio del Ambiente, recogería el espíritu de la lucha por la defensa de los Bosques de Imataca, emprendida por ecologistas, científicos, e indigenas y reflejaría el compromiso del Presidente Chávez en su campaña electoral, cuando movido por el conflicto de Imataca (1998), manifestó públicamente, que, si para sacar el oro había que acabar con los bosques, entonces nos quedaríamos con el bosque!. Esperábamos que el Nuevo Plan, incorporara las numerosas propuestas de declarar gran parte de la Reserva Forestal de Imataca como PARQUE NACIONAL IMATACA, O RESERVA DE BIOSFERA IMATACA, pues estos bosques, además del servicio ambiental que prestan, nos hacen y nos harán muchísima falta para mantener la estabilidad atmosférica, limpiar el planeta y mantener las fuentes de agua dulce.

La importancia social del agua

Por: Jesús Castillo

El modelo democrático y productivista basado en la creciente capacidad técnica y tecnológica del ser humano para intervenir los ciclos naturales ha generado crecientes problemas socio-ambientales que afectan al conjunto de la sociedad, presente y futura.  Durante las últimas décadas han emergido modelos alternativos basados en la concepción del agua como un bien común y un patrimonio común que pertenece al conjunto de la sociedad y debe ser gestionada con transparencia, participación y equidad, con criterios de conservación a largo plazo, para que la generación presente pueda disfrutar equitativamente de los beneficios proporcionados por el agua y lo puedan seguir haciendo las generaciones futuras.

Así,  se indica que la relación que establece la sociedad con el agua pone de manifiesto el modelo de relación de esa sociedad con la naturaleza y también entre los miembros que conforman esa sociedad. En las sociedades modernas el discurso dominante en la política del agua se refiere al agua meramente como recurso hídrico o recurso hidráulico, desvinculándola de su contexto territorial y abstrayéndola, por tanto, de su intrínseca relación con los ecosistemas y el ciclo hidrológico así como de su vinculación con los pueblos que habitan y dependen de esos ecosistemas. Esta conceptualización del agua como recurso apropiable, separado del territorio, materializa una relación de dominación del ser humano sobre la naturaleza y sobre los otros, facilitada por el avance tecnológico y la mercantilización del agua al servicio de los intereses de los grupos que detentan el poder económico y político en cada momento, y que definen los objetivos de la sociedad en base a fines instrumentales de perpetuación de las relaciones de poder, de crecimiento económico e, incluso, de expansión financiera.

En este contexto, el agua es una mercancía y los ecosistemas acuáticos, fuertemente intervenidos por obras de acumulación y transporte de agua para maximizar su extracción o transformación en energía eléctrica, devienen partes de un sistema de explotación hidráulica. En tanto que mercancía, el valor del agua es el valor de su escasez socialmente construida en la medida en que el agua es apropiada por un agente, se convierte en escasa para los demás, que no tienen derecho a su uso o que han de adquirirlo y su gestión se encamina a maximizar su obtención, perdiendo de vista que su disponibilidad futura, incluso como recurso, depende de los ecosistemas y de la salud de éstos a largo plazo.

Bajo el escudo del productivismo cortoplacista en que se ha traducido la idea de progreso social durante los últimos siglos, la creciente capacidad técnica y tecnológica del ser humano para intervenir los ciclos naturales ha generado crecientes problemas socio-ambientales. Así  la sociedad del siglo XXI se ha configurado como una sociedad del riesgo, que pone en riesgo la viabilidad ecológica del planeta y, por ende, de las personas que lo habitamos y que lo habitarán en el futuro.

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Por su parte, algunos autores manifiestan que en este contexto de producción acelerada de riesgos contaminación; agotamiento de recursos naturales; pérdida de biodiversidad; alteración de los ciclos hidrológicos, de nutrientes, de sedimentos, atmosféricos; alteración del clima; incremento de la vulnerabilidad social frente a cambios ambientales, tecnológicos, económicos y sociales emergen modelos alternativos de relación sociedad-naturaleza y en el seno de la sociedad. Con respecto al agua, estos modelos parten de una reformulación de la percepción del agua y de su importancia social, muchas veces en consonancia con las funciones de interés social del agua que se han ido deteriorando o perdiendo. Estos modelos alternativos de percepción y relación con el agua parten de una visión ética, integral y multifuncional del agua:

El agua es fuente de vida: el agua es necesaria para la vida digna de las personas y el mantenimiento y evolución de los ecosistemas y la biodiversidad.

El agua es un recurso renovable, pero su disponibilidad es limitada en el tiempo y en el espacio: la disponibilidad de agua para usos humanos depende de la salud de los ecosistemas por los que transcurre, y éstos a su vez se ven afectados por las presiones e impactos que las actividades humanas ejercen sobre ellos -extracciones, canalizaciones, regulación de caudales, vertidos contaminantes, extracción de gravas, etc. – muchas de las cuales son acumulativas e, incluso, irreversibles.  El agua configura el territorio: el agua está íntimamente vinculada al territorio por el que transcurre, al cual modela dando lugar a valles, ríos, lagos, bosques, llanuras aluviales, estuarios, etc.

El agua configura el paisaje y el espacio vital: la abundancia o escasez de agua en un territorio configura paisajes característicos y da lugar a prácticas en el manejo y organización del uso del agua concretas en las sociedades asentadas en cada territorio. Configura además el espacio vital de la sociedad no sólo desde el punto de vista de la supervivencia material sino también desde la perspectiva emocional.

El agua es un elemento de referencia de la identidad cultural de los pueblos: los paisajes de agua así como las experiencias vividas en torno al agua configuran una parte importante de la identidad cultural de las personas y de los pueblos que se manifiesta como referencia territorial y vivencial a través de la idiosincrasia popular, las festividades, la toponimia, las expresiones artísticas, la ritualidad o las experiencias lúdicas.

El agua no es sustituible: si bien se han desarrollado infraestructuras que permiten la obtención artificial de agua dulce, la multiplicidad de funciones ecológicas, sociales y económicas que prestan los ecosistemas acuáticos de agua dulce son insustituibles. El deterioro o la desaparición de un ecosistema no afectará sólo a la generación actual sino que lo hará también a las generaciones futuras. Por ello, en la balanza de la equidad debe pesar la precaución.

Por ello estos modelos alternativos de percepción y relación con el agua la conceptualizan como un bien común -que pertenece al conjunto de la sociedad y que por tanto ha de ser gestionado en beneficio de la calidad de vida del conjunto de la sociedad, incluyendo a las generaciones futuras- y como un patrimonio común –que pertenece al conjunto de la sociedad y debe ser conservado a largo plazo, para que la generación presente pueda disfrutar equitativamente de los beneficios que genera y lo puedan seguir haciendo las generaciones futuras. Ello implica que la gestión del agua ha de estar basada en una responsabilidad compartida que requiere a su vez transparencia en la información tanto de fines como de medios y mecanismos participativos efectivos en toma de decisiones (democracia deliberativa) que incluyan a todos los interesados y tengan en cuenta también los intereses de las generaciones futuras.

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Los conflictos socio-ambientales en torno al agua han dado lugar a lo largo de las dos últimas décadas a la articulación de un discurso alternativo en torno al agua. Este discurso se basa en la recuperación de los valores emocionales y éticos del agua y en la necesidad de organizar la gestión del agua atendiendo al bien común de la sociedad, es decir, poniendo la racionalidad económica al servicio de los objetivos de bienestar de la sociedad. La articulación de este discurso, conocido genéricamente como Nueva Cultura del Agua (NCA), se basa en la integración de la diversidad social a través de distintas formas organizativas, entidades, colectivos, organizaciones ecologistas, plataformas, redes, entre otras, y a través de distintas escalas territoriales.

 

La gestión del agua

Por: Jesús Castillo.Maracay

 

En términos generales, se llama gestión de agua al conjunto de decisiones que afectan y condicionan el uso que se hace de ella.

La gestión incluye, entonces, las decisiones que se toman en relación con una extensa gama de acciones como ser: desarrollar, ordenar, habilitar, gestionar, administrar, manejar, preservar, proteger, recuperar, aprovechar, conservar, distribuir el agua. De todas ellas el término desarrollar es el más amplio puesto que abarca todas las acciones. De lo dicho anteriormente, se infiere, que el gestor de agua es ante todo, un decisor y un agente de desarrollo.

Ahora bien, la definición de gestión varía de acuerdo con diferentes criterios. Si tenemos en cuenta el territorio que abarca, en la gestión se pueden diferenciar los siguientes niveles: municipal, de provincia, de estado, de región, cuenca, global, entre otros.

La gestión de agua adquiere diferentes matices. Si se tiene en cuenta los objetivos finales, la gestión del agua puede tender al desarrollo integral del recurso, al desarrollo sustentable, al mejoramiento de la calidad de vida. Entonces, la gestión puede comprender acciones como: captar agua y suministrarla, evitarla erosión de los suelos, recuperar niveles de calidad de agua, alcanzar determinado nivel de rendimiento de la producción, etc. Y, si se consideran las acciones específicas que se necesitan para lograr lo anterior: construir un embalse, capacitar a los campesinos, lograr créditos, etc. También la gestión de agua puede estar enmarcada en estrategias de diferentes envergaduras: proyectos, programas, acciones y abarcar a distintas poblaciones objetivo.

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Otro modo de definir la gestión es atendiendo a los mecanismos de participación de los actores involucrados en la toma de decisiones; así podríamos distinguir, a groso modo, una gestión tradicional en la que la facultad de decidir está concentrada en una institución que ejerce la autoridad de agua o en el grupo que conduce un programa o proyecto sin que intervengan otros actores sociales.

Éste tipo de gestión se opone a otro modelo, de carácter participativo o democrático en que se fija una serie de procedimientos por los cuales los usuarios, productores, empresarios, organizaciones no gubernamentales, técnicos, administradores y actores del gobierno tienen una relación de simetría a la hora de plantear agenda o participar en la toma de decisiones.

Por último, según se conceptualice el agua como un recurso natural, un componente del medio ambiente o un activo social, hay diferencias en lo que se entiende por su gestión. Esta diversidad de criterios explica que bajo el nombre de gestión de agua, caigan cómodamente las siguientes situaciones: De la diversidad de definiciones y enfoques que empapan la gestión deriva la diversidad de conceptos aludidos en la definición de gestor de agua. Como puede verse, la función de gestor de agua puede recaer en un director de programa, proyecto o acción puntual, en una autoridad municipal, provincial o de estado, en una  autoridad de cuenca o en un grupo de ciudadanos que se asocian con el fin de tomar decisiones y ejecutar acciones en relación con el agua.

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Sin embargo, creemos que en un sentido más estricto, el perfil de un gestor tiene tres componentes básicos: es un decisor, es un agente de desarrollo, sus acciones y decisiones impactan en el uso del agua y en la normativa relativa a su uso.

Algunos modelos de gestión de agua, como la Gestión Integrada de Recursos Hídricos (GIRH), en la definición misma son difíciles.  Para la Global Water Partner ship (GWP) ,(2000), el manejo integrado de recursos hídricos es un proceso que promueve el manejo de desarrollo coordinado del agua, la tierra y los recursos relacionados, con el fin de maximizar el bienestar social y económico resultante de manera equitativa sin comprometer la sustentabilidad de los ecosistemas vitales, mientras que para para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es el conjunto de  actividades o proyectos encaminados a aumentar la conservación del agua y a utilizarla más eficientemente y aumentar la complementariedad tanto en cantidad como en calidad, o reducir los conflictos entre usos que compiten, en un determinado subsector o entre subsectores. Incluye tanto y fomenta la existencia de organizaciones competentes, marcos reguladores y recursos humanos.

Ambos enfoques se nutren de principios y recomendaciones que provienen de criterios comunes propios de entidades internacionales. Para el autor, la GIRH procura un abordaje holístico y multidimensional del manejo de agua que se manifiesta en los diferentes usos del concepto. Según se haga hincapié en los distintos planos, GIRH se refiere a:

  • Integración del manejo de la demanda y de la oferta de agua.
  • Integración del manejo de agua dulce y de la zona costera.
  • Integración del manejo de la tierra y el agua: agua verde (flujos de vapor de agua) y agua azul (flujos de agua de ríos y acuíferos).
  • Integración del manejo de las aguas de superficie y subterráneas.
  • Integración de la calidad y la cantidad en el manejo de recursos de agua (agua y desechos)
  • Integración entre intereses de usuarios aguas arriba y aguas abajo (hidrosoberanía e hidrosolidaridad)
  • Integración transectorial en el desarrollo de la política nacional: integrada con la política económica nacional, como con las políticas nacionales sectoriales (es un tema de la administración de energía como de la de alimentación).
  • Integración de los roles del estado, el sector privado, los usuarios y la comunidad.
  • Integración institucional: coordinación de los roles institucionales y las funciones de los varios niveles administrativos relacionados.
  • Integración del valor económico, ambiental y social del agua: establecimiento de prácticas regulatorias y de instrumentos que garanticen la sustentabilidad y el valor del agua.
  • Integración de los actores sociales involucrados: participación real, informada y comprometida de todos los actores de la cuenca. (Familia y representantes de la Cuenca Internacional).
  • Integración de los instrumentos de gestión: instrumentos operacionales para una regulación efectiva, monitoreo y cumplimiento (participativos, de desarrollo científico y tecnológico, de acceso a la información y educativos y de concientización).

Es necesario, sin embargo, señalar que la Gestión Integrada de Recursos Hídricos no ha avanzado en todos los aspectos en forma pareja y que en los países en vía de desarrollo es una modalidad de gestión nueva tanto como importada.

La CEPAL (1994) señala que América Latina compró un ‘modelo holístico’ de países que llevaban 70 o más años manejando sus recursos naturales a  nivel sectorial, tal como los Estados Unidos de Norteamérica donde existían servicios de conservación de suelos, servicios forestales y entidades de manejo de grandes cuencas; algunas funcionando desde 1900. Estos avances les permitían disponer de organizaciones de usuarios, de reglamentos, de manuales de trabajo ya probados, de programas de capacitación en universidades y centros de investigaciones.

Esto explica de algún modo que en la esfera práctica, en América Latina, se haya avanzado  con distinta suerte en la aplicación del GIRH. Mientras en algunos aspectos la integración se va haciendo realidad, en otros, la utilización del término remite a un conjunto de situaciones deseables. La existencia de esta brecha podría ser producto de la forma ambigua y simplista con que se definen o utilizan ciertos conceptos de relevancia. Si bien las entidades mencionadas sostienen un discurso en pro de un enfoque holístico y de la integración multisectorial, en el plano del discurso mismo se eluden las cuestiones de la integración de saberes y de la participación.

En relación con la primera observación, de un enfoque holístico debiera esperarse la integración de los conocimientos, de actores de distintas disciplinas, de diferentes grados de formación, poseedores de diversos conocimientos dispersos en múltiples actores de la vida comunitaria. Al respecto, la misma CEPAL (1994) señala que el mayor vacío en los aportes del exterior se encuentra sin embargo, en la escasez de créditos y donaciones para construir y fortalecer programas de apoyo para mejorar la capacidad de gestión de los propios usuarios, aspecto que es aún más relevante en un proceso de privatización.

Este vacío es sobre todo grave cuando se requiere actuar con usuarios del medio que, por no ser poseedores ni de la educación ni de las tenencias legales, necesitan una dotación mayor de servicios y de continuidad en el apoyo. Un programa para organizar la población, por ejemplo, en manejo de cuencas requiere no menos de diez años de fomento y presencia regular de promotores.