Semiotica del agua

Una de las funciones de la cultura consiste en proporcionar una pantalla muy selectiva que separa al hombre del mundo exterior. En sus muchas formas, pues, la cultura decide a qué prestamos atención y qué ignoramos. Teniendo en cuenta que la percepción actúa como primer filtro entre el sujeto y el medio es necesario hacer un recorrido por algunas de las distintas significaciones que tuvo y tiene el agua para las comunidades y sus actores. ¿Qué significa el agua para el mundo aborigen? ¿Qué significa para el representante de una empresa privada de servicios de agua potable? ¿Y para los sanitaristas? ¿Y para el gestor? El agua es objeto de reflexión de diferentes disciplinas que van desde la antropología social e histórica hasta la arqueología, pasando por la geología, la economía y la historia del arte. Temas como los derivados de los sistemas tradicionales de riego, el lugar del agua en las cosmovisiones, la mitología, la cuantificación del agua como fuerza económica, su incidencia en la conformación del paisaje agrario, los conflictos a propósito de su empleo, la hidráulica, el empleo de las fuentes de agua como proyecto higiénico, las catástrofes ocasionadas por la crecida de los ríos, las sequías y un largo etcétera, son temas de agua.

La reflexión sobre las distintas percepciones serviría para poner en evidencia, por un lado, la posible pobreza semántica con que los gestores piensan el tema de agua, y por otro, la necesidad de abrir un campo de percepción hacia otros posibles conjuntos de rasgos(significaciones) presentes en la visión de otros actores involucrados en los procesos de gestión. Se intenta avanzar en la construcción de un concepto de agua como un bien multifacético, fuente de vida y de apropiación colectiva . Pero más importante todavía es poder juntar, las percepciones y concepciones comunitarias a una cultura hídrica determinada y a un modelo de desarrollo. Cada comunidad tiene una relación particular con el agua que se traduce en una cultura hídrica. En la construcción de la misma inciden directamente las percepciones que se tienen no sólo sobre el agua sino sobre el modelo económico y el modelo de organización social de los que los sujetos se hacen eco. ¿Qué es la semiótica y por qué es interesante anclar en una teoría de los signos?

agua

Aunque es muy categórico como para aceptarlo sin protestar, lo que conocemos del mundo depende siempre del punto de vista en que nos situamos para mirar. La afirmación de que distintos sujetos ven cosas distintas en un mismo objeto ha provocado la escritura de libros enteros. La semiótica es una ciencia social. Su objeto de reflexión es el hombre, en tanto productor/manipulador de signos. Tiene la pretensión de hacer hipótesis y extraer conclusiones sobre el ser humano, su accionar, su modo de vincularse con los otros y con su entorno.

Es un conocimiento de un conocimiento. Esto quiere decir que la semiótica es una disciplina que intenta conocer cómo conocemos y usamos un saber, el lenguaje; y, cómo producimos, hacemos circular e interpretamos los significados en tanto seres sociales. Para la semiótica el concepto de percepción es fundamental. Es el origen de la diferenciación de significados, es un órgano que ordena la información que llegar a nuestros sentidos, un sistema de clasificación. El lenguaje actúa como traductor o codificador de las diferenciaciones.

Es el medio por donde fluyen los atributos que se le otorga a los objetos, organizados en signos. En el lenguaje cotidiano, los signos están en lugar de algo, la realidad. Y para que haya entendimiento (comunicación) es preciso el manejo de un código común. En este sentido, el lenguaje no sólo es mediador entre el sujeto y la realidad sino entre sujeto y sujeto. Lo que hay entre sujeto y sujeto, es siempre lenguaje. ¿Qué diferencias están implicadas en la simple actividad de seleccionar unas palabras en lugar de otras? La selección de una palabra es mucho más que una opción lingüística, es la manifestación de una opción política, de una concepción de economía, de una cosmovisión. La palabra es síntoma de configuraciones mentales de un orden que exceden lo puramente verbal.

kumbh-mela-001_slide-f96638523f359a692701943f17a14d767515e9f8-s6-c10

La gestión del agua está atravesada por diferentes percepciones y lenguajes. Esto es evidente en los diferentes discursos que circulan. Para algunos, es un objeto sagrado. Este significado es parte de una concepción mítica que entiende la naturaleza como un espacio que el hombre comparte con todos los demás seres vivos. El ser humano está de paso y  en el medio natural, no como su dueño. El agua es un bien sagrado de la Madre Naturaleza y está protegida o gobernada por los dioses.

Para otros, el agua es un recurso destinado a satisfacer, especialmente, las demandas vitales del ser humano. Esta concepción destaca la posesión y el manejo del agua y la considera como un elemento del medio a domesticar. Para otros, el agua es un bien o un servicio que hay que administrar con eficiencia y cuyo acceso y uso tienen un valor económico. Esta concepción es propia de la economía de mercado que considera al agua como un recurso finito y lo clasifica como un bien escaso. Para muchos, el agua, en tanto es indispensable para la vida, es un derecho vital. Para esta visión, el acceso se convierte en una garantía de vida y el no acceso en una certificación de muerte. También existen otras evaluaciones como ser las ventajas geopolíticas de la posesión de agua para la satisfacción dela salud, la producción agrícola e industrial y el abastecimiento doméstico. Esta multiplicidad de significados nos obliga a reflexionar sobre la naturaleza de los mismos. Esto sugiere la tarea de descubrir el origen de las diferencias, de establecer algunas pautas para comprender cuál o cuáles procesos han sido necesarios para pasar de un concepto a otro, qué visiones son las vigentes y cuáles están procurando serlo y por qué.

 Las reglas que determinan lo que uno percibe y aquello para lo que es ciego en el curso de la vida no son simples; hay que tener en cuenta, por lo menos, cinco conjuntos de distintas categorías de acontecimientos. Estos son: el asunto o actividad, la situación, el status de uno en el sistema social, la experiencia anterior y la cultura.

Esta afirmación implica reconocer que es imposible aprehender toda la realidad y que es un hecho común y obligado manejarnos con versiones de ella. Si cada actor social percibe realidades diferentes y el ser humano tiende a convencerse de que sólo lo que él percibe es lo que en realidad existe, tendremos una idea más clara de por qué es tan importante sumar distintas versiones y puntos de vista y también podremos comprender por qué es tan difícil hacerlo.

Este rudimentario punteo de conceptos sirve para resaltar la importancia que se dará a la cuestión de las mediaciones.  Como puede verse, el problema de las significaciones sociales es central para situarnos en el campo de la gestión del agua. No hay conducta que no tenga su origen en una representación social y cultural determinadas. Si se lleva el análisis hasta los orígenes, se podrá constatar que todos los conflictos se generan por la existencia de percepciones diferentes que se enfrentan. Identificar las percepciones que subyacen en los discursos del agua permite inferir los valores que sustenta quien los pone en circulación y qué modelo de desarrollo y estilo de intervención promueve con su conceptualización.

El desafío de unir una perspectiva semiótica a la gestión del agua tiene como objetivo recrear la coherencia entre el saber, el decir y el hacer. El primer paso es preguntarse por lo obvio, por lo establecido como cierto y válido, por lo que circula con naturalidad en el mundo del agua. Sacar a la superficie los valores que sustentan y sustentamos en la forma de nombrar el mundo, seguramente nos haga conscientes de la necesidad de luchar por el compromiso con la vida, la solidaridad, el respeto, la paz social y la sustentabilidad.