La Lluvia y la plaga

Por: Freddy Carquez, Maracay.

 

De nuevo en la mayoría de los venezolanos reina la alegría por la llegada de las lluvias, ellas son un verdadero regalo de la naturaleza, al constituir el agua un elemento indispensable para la vida, su presencia facilita el desenvolvimiento de las múltiples actividades de todos los seres vivos, pluralidad existencial soporte del proceso evolutivo de las especies y recurso extraordinario para el progreso humano.

Sin embargo ese maravilloso liquido proveniente de nuestra atmosfera, fuente de vida  y prosperidad,  que debería fluir con toda naturalidad a través de los cauces de los ríos y de las  quebradas de presentes en los Estado Aragua y Carabobo,  para  desembocar sin obstáculos en las aguas del Lago de Valencia, pero ese desenlace construido por la tierra y  esperado por los seres humanos  no se cumple de forma espontanea, limitaciones importantes derivadas de la ignorancia de los ciudadanos y del descuido preventivo del Estado que no asume sus obligaciones sanitarias..

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Pronto tendremos en las riberas del Lago y en las cuencas fluviales de la región central, inmensas acumulaciones de agua, convertidas en lagunas y lodazales  envenenados  por la descomposición orgánica,  generada por el estancamiento y la presencia de los desechos orgánicos provenientes de la basura cuya presencia contaminante entre nosotros se ha convertido en un problema, extraordinarias  fuentes  de transmisores y de gérmenes repotenciados, dedicados a la propagación de la multitud de enfermedades infecciosas y parasitarias que nos acompañan.

Patas blancas

Resulta paradójico y lamentable,  como una contribución de la naturaleza, indispensable para la existencia de los seres vivos,  se nos convierte en un factor negativo para el desempeño humano en  el proceso civilizatorio, creando riesgos que comprometen en forma cotidiana la Salud Publica.

 

La Nueva Cultura del Agua

La nueva cultura del agua: NCA

Por: Jesús Castillo.Maracay

Se llama cultura del agua al conjunto de modos y medios utilizados para la satisfacción de necesidades fundamentales relacionadas con el agua y con todo lo que dependa de ella. Incluye lo que se hace con el agua, en el agua y por el agua para ayudar a resolver la satisfacción de algunas de estas necesidades fundamentales. Se manifiesta en la lengua, en las creencias (cosmovisión, conocimientos), en los valores; en las normas y formas organizativas; en las prácticas tecnológicas y en la elaboración de objetos materiales; en las creaciones simbólicas (artísticas y no artísticas); en las relaciones de los hombres entre sí y de éstos con la naturaleza y en la forma de resolver los conflictos generados por el agua. La cultura del agua es por lo tanto, un aspecto específico de la cultura de un colectivo que comparte, entre otras cosas, una serie de creencias, de valores y de prácticas respecto de ella.

Es importante destacar que la cultura de agua está ligada a un colectivo (grupo étnico o cultura). Con los instrumentos conceptuales existentes es posible identificar el tipo de aporte del grupo y registrar su procedencia. Sabemos que no existe la “pureza cultural”, que la cultura está construida también sobre los sincretismos y migraciones de las personas, sus intercambios y adaptaciones. Sin embargo, cada vez más, se están valorando los conocimientos agrícolas, los conocimientos científicos, los conocimientos técnicos, los conocimientos ecológicos, los conocimientos medicinales como productos de singulares sistemas de conocimiento que pertenecen a grupos específicos. En el caso de cultura del agua se propone que en el caso de avanzar en la recopilación de conocimientos y prácticas se haga una mención al grupo que los ha producido.

Relacionar la cultura del agua con el desarrollo, pone en evidencia que la crisis del agua (como crisis ambiental) deviene de una crisis más profunda que es la crisis de los conceptos con que pensamos para actuar sobre la crisis. Muchos de los problemas de agua que nos tocan enfrentar, no provienen de la falta de agua, sino de las relaciones de poder que hacen que a la distribución aleatoria de la misma, tanto espacial como temporalmente, se le sumen las inequidades que provienen de la matriz socio política. Por lo que el campo de soluciones se encuentra más allá del reducido campo que proveen las soluciones tecnológicas.

Para avanzar en la comprensión de la propuesta es necesario establecer una clara distinción entre lo que se entiende por desarrollo hídrico’ y ‘cultura del agua. Es muy frecuente la utilización de la denominación de ‘desarrollo hídrico’ de una determinada región, cuenca, localidad para referirse principalmente a la realización de una serie de obras físicas para el uso, aprovechamiento y protección del recurso hídrico. ¿Cómo se diferencia esto de la cultura del agua?

El proceso por el cual se equilibran las ofertas y las demandas hídricas, y se superan los conflictos derivados del uso y la conservación del agua, se denomina, comúnmente desarrollo hídrico. Ambas denominaciones, desarrollo hídrico y cultura del agua se refieren al mismo tema: equilibrar ofertas y demandas hídricas, por una parte y resolver sus conflictos, por la otra. La diferencia está en que el desarrollo hídrico avanza en niveles concretos de satisfacción de necesidades. La cultura del agua avanza en niveles concretos de comprensión de la realidad y de elaboración conceptual, que permiten el refuerzo de actitudes individuales y colectivas, para enfrentar los desafíos de la realidad.

De este modo, puede haber cultura del agua sin desarrollo hídrico, pero de ninguna manera se ha de producir desarrollo hídrico sin la construcción de una cultura del agua.

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Bajo este marco de referencia, La Nueva Cultura del Agua (NCA) nace con base a la problemática actual y lo que se está realizando para contrarrestar la escasez del vital líquido; se analiza en el pronunciamiento español con la creación de la coordinadora de afectados por grandes embalses y trasvases (COAGRET), que ha marcado pauta y ha servido de inspiración para América Latina.

Uno de los mayores problemas que enfrenta la humanidad, y que está creciendo sin ninguna medida, es al consumo de agua de manera irracional, sumado a la seria degradación en la calidad de la misma, debido a la contaminación de éstas por diferentes causas todas productos de la acción del hombre.

Sabemos que los necesitamos para beber el agua, para el abastecimiento. Sabemos que los necesitamos para regar, para producir energía. Y también los utilizamos como lugar en el que verter nuestros desechos, el agua sucia y contaminada que hemos utilizado.

Esto trae como consecuencia, una escasez muy alta de agua apta para el consumo humano, para confrontar este problema se tiene que reflexionar en primera instancia en la conservación del ambiente, pasando por el calentamiento global y todo lo que esto acarrea para que el ciclo del agua se complete de manera limpia y en el tiempo justo; luego, se debe tomar en cuenta una distribución racional del agua para el sector doméstico, industrial y agrícola, pero lo más importante para asumir este gran problema y darle solución es verlo desde un enfoque holístico que integre los valores y la formación de una Nueva Cultura del Agua (NCA), cambiar radicalmente el estilo de vida, cultura, la manera como se piensa ya que la crisis ambiental es una crisis de aplicación del conocimiento y, por último, tiene que concientizarse que el ser humano es dependiente en su totalidad de la naturaleza, y que debe aprender a vivir y a comprender a la naturaleza.

El otro factor que influye notablemente es la política hídrica a nivel mundial que exige urgentemente un cambio en su enfoque, ya que en la actualidad de lo que se encarga es de desarrollar de manera no planificada la construcción de represas, embalses y trasvases sin importar el daño ambiental a muchos reservorios de Agua y a su vez cambiando el caudal de ríos alterando el ciclo hidrológico proliferando sequía en lugares húmedos, este nuevo enfoque tiene que estar acompañado por la aplicación de estrategias y de nuevas tecnologías enmarcadas en la sostenibilidad.

Todos estos factores se deben tomar en cuenta para una excelente gestión de aguas apuntalada hacia una buena calidad de vida, en el marco de la sostenibilidad. En este sentido, en el año 1977 se realizó en Argentina la conferencia de Mar del Plata, la cual representó el inicio de una serie de acciones a nivel mundial acerca del problema del agua, acciones enfocadas en cambiar la percepción que la sociedad tiene del vital líquido y así enfrentar la escasez de agua potable que se acrecienta velozmente y pone en peligro la vida en el planeta.

Por otra parte, en los años noventa en la península Ibérica nace un movimiento social que se opone al Plan Hidrológico Nacional (PHN), estrategia del gobierno español, el cual consistía en la construcción de aproximadamente 200 presas y trasvases para resolver el problema de la escasez del recurso hídrico, poniendo en peligro de inundación comunidades y sectores rurales así como también el ecosistema presente, política irracional que pretende solventar un problema de escasez sin tomar en cuenta el desastre ecológico o el impacto ambiental al cual estaría sometida la zona, siguiendo a la cultura vieja del agua.

La vieja cultura del agua parte de que la escasez es, siempre, física por lo que siempre es necesario construir más embalses y trasvases (o plantas desalinizadoras de agua de mar), siendo la toma de decisiones habitualmente autoritaria, aunque los decisores hayan sido elegidos en elecciones digamos democráticas.

Los afectados (aproximadamente 80 millones en el mundo) por esta política hídrica se organizaron y formaron a la Coordinadora de Afectados por Grandes Embalses y Trasvases (COAGRET) con el lema “por una Nueva Cultura del Agua”,

La Nueva Cultura del Agua asume que la escasez está socialmente construida, lo que significa que no hay gestión del agua sin gestión del territorio y que la toma de decisiones tiene que ser realmente democrática, basada en el debate público y en contar con la gente que, habitualmente, tiene mucho que decir. De nuevo, para la vieja cultura un río es un tubo y para la nueva un río es un organismo vivo integrado en su cuenca y que tiene que llegar al mar.

Para la nueva cultura del agua es prioritario el cambio de pensamiento en los individuos sobre el consumo racional del agua, su contaminación y su distribución equitativa y justa; así, la nueva cultura del agua que nació en la Península Ibérica fue inspiración para otras partes del planeta.

En los postulados de la Nueva Cultura del Agua, se evidencia como ésta cumple con los preceptos de sostenibilidad, todos sus principios se crearon por iniciativa del movimiento social que surgió en la península Ibérica.

Nueva cultura I

En febrero del año 2005 la Unión Europea (UE) se pronuncia con la Declaración Europea por una nueva cultura del Agua, la cual fue avalada por cien expertos en Aguas de toda la UE, en ella se plantea la no sostenibilidad del recurso hídrico por la contaminación a nivel mundial, exponiendo que más de 1000 millones de personas no tienen garantizado el suministro de agua potable y que aproximadamente 10.000 mueren a diario por falta del vital líquido, mientras se quebranta la conservación de las cuencas hídricas de manera irrecuperable.

La Declaración Europea introduce un enfoque holístico dirigido a la gestión de aguas para la recuperación de los sistemas hídricos proporcionando valiosas herramientas para la conservación y reparto justo del Agua, igualmente cuestiona a la vieja cultura del Agua, donde los acuíferos son considerados como almacenes de Agua y los ríos como simples canales. Con esta declaración la UE contribuye de una manera significativa para alcanzar los objetivos propuestos para el milenio por las naciones unidas, donde uno de los objetivos es el de reducir a la mitad a la población del mundo que no tiene acceso al agua potable.

En América Latina en el año 2005 en Brasil se realizó un encuentro por una Nueva Cultura del Agua, inspirado por la iniciativa de la Península Ibérica, el evento plantea un debate enfocado en los problemas que surgen a partir de la gestión del agua, igualmente se plantearon temas como las enfermedades provenientes de la contaminación del Agua como por ejemplo el dengue y el cólera, también se planteó la introducción de cambios radicales en los estilos de vida y de la cultura en cuanto al Agua, a fin de contribuir en la formación de la nueva cultura del Agua en América Latina basada en la equidad, sostenibilidad, solidaridad, social y económico.

La gobernanza del agua

Un hecho básico, que todavía no ha recibido suficiente atención, es que la insuficiencia de agua (en especial para el abastecimiento de agua potable y el saneamiento) se debe primordialmente al ineficiente suministro de servicios más que a la escasez de agua. La falta de servicios básicos se debe a menudo a la mala gestión, la corrupción, la falta de instituciones apropiadas, la inercia burocrática y a una falta de nuevas inversiones tanto para el fortalecimiento de los recursos humanos como en infraestructuras físicas. El abastecimiento de agua y el saneamiento han recibido recientemente más atención internacional que el agua que se usa para la producción de alimentos, a pesar del hecho de que, en la mayoría de los países en vías de desarrollo, la agricultura representa el 80% del uso total del agua. Cada vez hay un mayor consenso en los círculos del desarrollo en que la escasez de agua y el aumento de la contaminación son, en gran medida, problemas inducidos social y políticamente, lo que significa que hay cuestiones que pueden tratarse por medio de cambios en la demanda y el uso del agua y a través de una mayor sensibilización, educación y reformas en la política del agua. La crisis del agua, por tanto, tiene cada vez más que ver con la manera en que nosotros, como individuos y como parte de una sociedad, administramos el acceso y el control de los recursos hídricos y sus beneficios.

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 Bajo este marco de referencia, la  Gobernanza puede ser definida como la capacidad del gobierno de prestar servicios además de formar, establecer y hacer cumplir normas. La gobernanza del agua se refiere a la gama de sistemas políticos, sociales, administrativos y económicos establecidos para la gestión de agua y prestación de servicios. Dependiendo de la forma en que los países manejan sus recursos hídricos, se determinan las condiciones de salud de sus habitantes, el éxito de sus economías, la sostenibilidad de sus recursos naturales y sus relaciones con países vecinos. Una adecuada gestión del agua trae consigo beneficios tangibles a un país. Por tanto, la buena gobernanza es el principio fundamental para desarrollar y gestionar los recursos hídricos y la prestación de servicios de agua a diferentes niveles de la sociedad.

En su primer Informe sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el mundo (2003), las Naciones Unidas declaró firmemente que la “crisis del agua es esencialmente una crisis de gobernabilidad y las sociedades se enfrentan a una serie de desafíos sociales, económicos y políticos sobre cómo gobernar el agua de manera más eficiente”. La falta de una gerencia efectiva entre estos sectores interdependientes puede dificultar la concepción y aplicación de reformas en políticas del agua. Si bien es evidente que se deben tomar acciones drásticas, en la práctica los problemas del agua son bastante complejos y nada fáciles de resolver.

Si bien el gobierno tiene responsabilidades generales, los actores no estatales, ya sean actores del sector privado u organizaciones no gubernamentales, han sido más sobresalientes en la gestión del agua, la asignación de recursos y la organización de la prestación de servicios. El proceso de integración de la gestión de los recursos hídricos está madurando; actualmente las sociedades son más conscientes de los problemas de escasez de agua y la forma en que son interdependientes. El suministro de agua y la gestión de los sistemas hídricos son asuntos de naturaleza compleja, estos involucran numerosos actores a diferentes niveles y son los contextos políticos e institucionales de un país los que les dan forma.

En muchos países, las reformas para la gestión eficaz del agua se ven obstaculizadas por la asignación poco clara de funciones y responsabilidades, la fragmentación territorial y la limitada capacidad a nivel local. La gestión de los recursos hídricos implica la comprensión de sistemas complejos con componentes humanos y naturales. Para manejar estos sistemas con éxito, debe asegurarse un eficiente trabajo en equipo entre instituciones con intereses y experiencia divergentes.

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Las políticas del agua deben adaptarse a las características, preocupaciones e intereses locales. Ya sea en países desarrollados o en vías de desarrollo, sin importar si el agua es escasa o abundante, se deben cuidadosamente identificar los desafíos con el fin de generar respuestas y soluciones apropiadas. Para hacer frente a estos desafíos, los países han de hacer un balance de las lecciones aprendidas, identificar las buenas prácticas y desarrollar herramientas para crear políticas que sean eficaces, justas y sostenibles. Estas soluciones deben ser desarrolladas e implementadas por todas las partes y a todos los niveles de gobierno.