La gestión del agua

Por: Jesús Castillo.Maracay

 

En términos generales, se llama gestión de agua al conjunto de decisiones que afectan y condicionan el uso que se hace de ella.

La gestión incluye, entonces, las decisiones que se toman en relación con una extensa gama de acciones como ser: desarrollar, ordenar, habilitar, gestionar, administrar, manejar, preservar, proteger, recuperar, aprovechar, conservar, distribuir el agua. De todas ellas el término desarrollar es el más amplio puesto que abarca todas las acciones. De lo dicho anteriormente, se infiere, que el gestor de agua es ante todo, un decisor y un agente de desarrollo.

Ahora bien, la definición de gestión varía de acuerdo con diferentes criterios. Si tenemos en cuenta el territorio que abarca, en la gestión se pueden diferenciar los siguientes niveles: municipal, de provincia, de estado, de región, cuenca, global, entre otros.

La gestión de agua adquiere diferentes matices. Si se tiene en cuenta los objetivos finales, la gestión del agua puede tender al desarrollo integral del recurso, al desarrollo sustentable, al mejoramiento de la calidad de vida. Entonces, la gestión puede comprender acciones como: captar agua y suministrarla, evitarla erosión de los suelos, recuperar niveles de calidad de agua, alcanzar determinado nivel de rendimiento de la producción, etc. Y, si se consideran las acciones específicas que se necesitan para lograr lo anterior: construir un embalse, capacitar a los campesinos, lograr créditos, etc. También la gestión de agua puede estar enmarcada en estrategias de diferentes envergaduras: proyectos, programas, acciones y abarcar a distintas poblaciones objetivo.

embalse de camatagua

Otro modo de definir la gestión es atendiendo a los mecanismos de participación de los actores involucrados en la toma de decisiones; así podríamos distinguir, a groso modo, una gestión tradicional en la que la facultad de decidir está concentrada en una institución que ejerce la autoridad de agua o en el grupo que conduce un programa o proyecto sin que intervengan otros actores sociales.

Éste tipo de gestión se opone a otro modelo, de carácter participativo o democrático en que se fija una serie de procedimientos por los cuales los usuarios, productores, empresarios, organizaciones no gubernamentales, técnicos, administradores y actores del gobierno tienen una relación de simetría a la hora de plantear agenda o participar en la toma de decisiones.

Por último, según se conceptualice el agua como un recurso natural, un componente del medio ambiente o un activo social, hay diferencias en lo que se entiende por su gestión. Esta diversidad de criterios explica que bajo el nombre de gestión de agua, caigan cómodamente las siguientes situaciones: De la diversidad de definiciones y enfoques que empapan la gestión deriva la diversidad de conceptos aludidos en la definición de gestor de agua. Como puede verse, la función de gestor de agua puede recaer en un director de programa, proyecto o acción puntual, en una autoridad municipal, provincial o de estado, en una  autoridad de cuenca o en un grupo de ciudadanos que se asocian con el fin de tomar decisiones y ejecutar acciones en relación con el agua.

embalse Lagartijo

Sin embargo, creemos que en un sentido más estricto, el perfil de un gestor tiene tres componentes básicos: es un decisor, es un agente de desarrollo, sus acciones y decisiones impactan en el uso del agua y en la normativa relativa a su uso.

Algunos modelos de gestión de agua, como la Gestión Integrada de Recursos Hídricos (GIRH), en la definición misma son difíciles.  Para la Global Water Partner ship (GWP) ,(2000), el manejo integrado de recursos hídricos es un proceso que promueve el manejo de desarrollo coordinado del agua, la tierra y los recursos relacionados, con el fin de maximizar el bienestar social y económico resultante de manera equitativa sin comprometer la sustentabilidad de los ecosistemas vitales, mientras que para para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es el conjunto de  actividades o proyectos encaminados a aumentar la conservación del agua y a utilizarla más eficientemente y aumentar la complementariedad tanto en cantidad como en calidad, o reducir los conflictos entre usos que compiten, en un determinado subsector o entre subsectores. Incluye tanto y fomenta la existencia de organizaciones competentes, marcos reguladores y recursos humanos.

Ambos enfoques se nutren de principios y recomendaciones que provienen de criterios comunes propios de entidades internacionales. Para el autor, la GIRH procura un abordaje holístico y multidimensional del manejo de agua que se manifiesta en los diferentes usos del concepto. Según se haga hincapié en los distintos planos, GIRH se refiere a:

  • Integración del manejo de la demanda y de la oferta de agua.
  • Integración del manejo de agua dulce y de la zona costera.
  • Integración del manejo de la tierra y el agua: agua verde (flujos de vapor de agua) y agua azul (flujos de agua de ríos y acuíferos).
  • Integración del manejo de las aguas de superficie y subterráneas.
  • Integración de la calidad y la cantidad en el manejo de recursos de agua (agua y desechos)
  • Integración entre intereses de usuarios aguas arriba y aguas abajo (hidrosoberanía e hidrosolidaridad)
  • Integración transectorial en el desarrollo de la política nacional: integrada con la política económica nacional, como con las políticas nacionales sectoriales (es un tema de la administración de energía como de la de alimentación).
  • Integración de los roles del estado, el sector privado, los usuarios y la comunidad.
  • Integración institucional: coordinación de los roles institucionales y las funciones de los varios niveles administrativos relacionados.
  • Integración del valor económico, ambiental y social del agua: establecimiento de prácticas regulatorias y de instrumentos que garanticen la sustentabilidad y el valor del agua.
  • Integración de los actores sociales involucrados: participación real, informada y comprometida de todos los actores de la cuenca. (Familia y representantes de la Cuenca Internacional).
  • Integración de los instrumentos de gestión: instrumentos operacionales para una regulación efectiva, monitoreo y cumplimiento (participativos, de desarrollo científico y tecnológico, de acceso a la información y educativos y de concientización).

Es necesario, sin embargo, señalar que la Gestión Integrada de Recursos Hídricos no ha avanzado en todos los aspectos en forma pareja y que en los países en vía de desarrollo es una modalidad de gestión nueva tanto como importada.

La CEPAL (1994) señala que América Latina compró un ‘modelo holístico’ de países que llevaban 70 o más años manejando sus recursos naturales a  nivel sectorial, tal como los Estados Unidos de Norteamérica donde existían servicios de conservación de suelos, servicios forestales y entidades de manejo de grandes cuencas; algunas funcionando desde 1900. Estos avances les permitían disponer de organizaciones de usuarios, de reglamentos, de manuales de trabajo ya probados, de programas de capacitación en universidades y centros de investigaciones.

Esto explica de algún modo que en la esfera práctica, en América Latina, se haya avanzado  con distinta suerte en la aplicación del GIRH. Mientras en algunos aspectos la integración se va haciendo realidad, en otros, la utilización del término remite a un conjunto de situaciones deseables. La existencia de esta brecha podría ser producto de la forma ambigua y simplista con que se definen o utilizan ciertos conceptos de relevancia. Si bien las entidades mencionadas sostienen un discurso en pro de un enfoque holístico y de la integración multisectorial, en el plano del discurso mismo se eluden las cuestiones de la integración de saberes y de la participación.

En relación con la primera observación, de un enfoque holístico debiera esperarse la integración de los conocimientos, de actores de distintas disciplinas, de diferentes grados de formación, poseedores de diversos conocimientos dispersos en múltiples actores de la vida comunitaria. Al respecto, la misma CEPAL (1994) señala que el mayor vacío en los aportes del exterior se encuentra sin embargo, en la escasez de créditos y donaciones para construir y fortalecer programas de apoyo para mejorar la capacidad de gestión de los propios usuarios, aspecto que es aún más relevante en un proceso de privatización.

Este vacío es sobre todo grave cuando se requiere actuar con usuarios del medio que, por no ser poseedores ni de la educación ni de las tenencias legales, necesitan una dotación mayor de servicios y de continuidad en el apoyo. Un programa para organizar la población, por ejemplo, en manejo de cuencas requiere no menos de diez años de fomento y presencia regular de promotores.

 

 

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