Educación Hídrica

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 Por: Jesús Castillo. Maracay

Aunque el agua cubre más de dos tercios de la superficie de la Tierra, es un recurso escaso para muchas personas en el mundo (menos del 0,5% de toda el agua está inmediatamente disponible para el uso humano). El agua es parte fundamental e insustituible de todos los ecosistemas. Es  también el  sustento de muchas actividades productivas, y un elemento de confort irrenunciable de nuestros hogares y nuestras ciudades. Tal como está en su propio medio y en su estado natural, el agua es oferta de un profundo bienestar ancestral universalmente apreciado. Sin embargo, La insuficiencia de agua, sobre todo agua potable y para el saneamiento, es causada principalmente por sistemas ineficientes de suministro y no por falta de recursos, de ahí la importancia del papel de la educación en la promoción de sistemas sólidos de gestión del agua.

Si con la Educación Ambiental sólo pretendemos que los alumnos se acerquen a la naturaleza, de forma que sepan que está ahí y conozcan los nombres de los distintos elementos que la configuran y cómo funcionan sus ecosistemas, en este caso la gran mayoría de los materiales editados son válidos, y podemos decir que alcanzan en buena medida los objetivos propuestos. Otra cosa es si a través de la Educación Ambiental, además de todo eso, pretendemos que los escolares reciban elementos de juicio sobre la conservación de las funciones naturales, en nuestro caso del agua , y sobre las complejas consecuencias negativas causadas por determinados niveles de disfunción y desorden hidrológicos derivados de una explotación llevada más allá de un determinado nivel, o si procuramos además, que tengan elementos de juicio para poder reflexionar sobre el papel que el agua desempeña y ha desempeñado en la vida de las personas y de las sociedades, en los sentimientos humanos, en las culturas, en las emociones, en los simbolismos; si queremos que tengan capacidad de reflexionar por ellos mismos sobre la cadena de tópicos sobre la que se sustentan hoy en día nuestras grandes políticas hidrológicas como las del Plan Hidrológico Nacional, basadas en la existencia de unos ríos “excedentarios”, a los que les sobrarían aguas que estaríamos tirando inútilmente al mar, y unos ríos “deficitarios” a los que les faltaría agua; en la existencia de desequilibrios hidrológicos de la naturaleza, en cuencas con déficit estructurales,  o en la profunda manipulación del lenguaje hidrológico. En este caso, harían falta unos programas, unos métodos, unas filosofías, un lenguaje y unos materiales diferentes de los actuales.

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Entonces, para que la pretendida Educación Ambiental sea realmente efectiva, hay que dotarla de unos planteamientos reflexivos que vayan más allá de la anécdota o de la propia salida escolar. Un ejemplo claro, y a veces penoso, son las actividades que se vienen llevando a cabo dedicadas a la ciudadanía y, por extensión, a niños y jóvenes sobre el consumo responsable y ahorro del agua en las ciudades.

Por supuesto es una buena idea inculcar el consumo responsable del agua en las ciudades; pero ahí no está el problema. Es bueno que los niños y jóvenes sean conscientes de que está en nuestras manos reducir el consumo del agua en las ciudades sin que por ello tengamos que hacer grandes sacrificios, y que sepan que de esta forma contribuimos a una mejor educación.

En ese sentido, si se enseña a los niños una higiene adecuada, la educación primaria puede convertirlos en educadores en salud para sus familias, transmitiendo de este modo información y aptitudes vitales susceptibles de reducir al menos en un 40% la vulnerabilidad del hogar a contraer enfermedades diarreicas mortales.

Por otra parte, mejorar y asegurar el acceso a la educación primaria para las niñas favorecerá una mayor participación de la mujer en los procesos de toma de decisión en la gestión de los recursos hídricos, conforme al objetivo 3 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer.

Así mismo las niñas constituyen la mayoría de los 115 millones menores que actualmente no asisten a escuela. El 80% de los niños que no asisten a la escuela primaria en África Occidental y Central, Asia Meridional y África del Norte y Centro-Oriental tienen madres que no han recibido ninguna educación formal. Esto se debe, entre otras razones, a que muchas mujeres y niñas deben recorrer largas distancias para llevar agua a sus hogares y/o la falta de instalaciones sanitarias en las escuelas, lo que obliga a las niñas a buscar refugio en los bosques donde pueden correr el riesgo de sufrir ataques sexuales, enfrentándose al ridículo y a la vergüenza.

Algunos autores, señalan que en  estudio  en Bangladesh indican que disponer de servicios sanitarios separados entre niñas y niños podría incrementar un 15% el número de niñas que asisten a la escuela, así como las enfermedades relacionadas con el agua como la diarrea y las infecciones parasitarias cuestan 443 millones de días de escuela cada año lo que equivale a un año escolar completo para todos los niños de 7 años en Etiopía y disminuye el potencial de aprendizaje, las infecciones parasitarias transmitidas por el agua y la falta de saneamiento disminuye la capacidad de aprendizaje de más de 150 millones de niños.

El vínculo de la inseguridad hídrica con la salud y la educación se extiende a la edad adulta. Algunas investigaciones llevadas a cabo en varios países demuestran la estrecha relación existente entre los ingresos y la altura del adulto. Los niños que sufren ataques reiterados de enfermedades infecciosas y diarrea tienen más probabilidades de llegar a la adolescencia y a la edad adulta con una altura reducida, lo que se relaciona con deficiencias cognitivas y la falta de logros

Bajo es te marco de referencia la gestión y utilización eficiente del agua por parte de las poblaciones sólo se consigue impartiendo educación básica en materia de agua, saneamiento e higiene.

El conocimiento de los asuntos relacionados con los recursos hídricos resulta tan importante como ofrecer una buena base educativa a potenciales profesionales capaces de controlar y gestionar dichos recursos de forma adecuada. En los últimos 30 años, los países en vías de desarrollo han realizado enormes progresos en la matriculación en todos los niveles: en 1960, menos del 50% de los niños de 6 a 11 años estaban matriculados en la escuela primaria, comparado con el 79% actual.

En este contexto, la Educación para el Desarrollo Sostenible ofrece la oportunidad a los educandos, especialmente aquellos se encuentran excluidos o marginados, de recibir una educación sobre el agua, incluyendo ciencias, extracción de agua, saneamiento e higiene, así como les ofrece la posibilidad de desarrollar conocimientos, destrezas, valores y comportamientos que fomenten la sostenibilidad en el manejo del agua. Esto implica lo siguiente:

 

(a)          El aprendizaje fomenta cambios de comportamiento y proporciona las competencias necesarias para participar en la gestión hídrica;

(b)          Las escuelas y otros entornos educativos promueven la sostenibilidad en la gestión hídrica, lo que incluye el acceso al agua potable y a instalaciones de saneamiento;

(c)          Las estructuras y políticas educativas, al igual que la administración, orientan, coordinan, monitorean y evalúan para asegurar una respuesta educativa que sea efectiva, sostenible e institucional a los asuntos de la gestión hídrica.

 

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